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Prevenir también es cuidar la vida cotidiana

Jose Antonio Brenes
Jose Antonio Brenes

 

Una reflexión sobre la prevención del suicidio
Cada 10 de setiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Es una fecha que suele llenarse de mensajes bien intencionados y de cintas de colores, pero que corre el riesgo de quedarse en la superficie si no la usamos para preguntarnos algo incómodo, pero necesario: ¿qué estamos haciendo, el resto del año, para construir una vida en común en la que las personas quieran quedarse?

Prevenir empieza por cómo hablamos
Muchas veces, quien está pasando por un momento difícil no busca consejos: busca que alguien sostenga la conversación sin incomodarse. Preguntar directamente cómo está una persona, y quedarse a escuchar la respuesta completa, no empuja a nadie al abismo. Al contrario: abre una puerta que muchas veces estaba cerrada por miedo a molestar.

La prevención no vive solo en el consultorio
Desde la psicología solemos insistir en la importancia de la atención profesional, y con razón: la ayuda especializada salva vidas y debe estar disponible, ser accesible y no depender del bolsillo de nadie. Pero sería un error dejar la prevención únicamente en manos de quienes trabajamos en salud mental.

La salud mental de una población se construye, o se erosiona, en decisiones que a primera vista parecen no tener nada que ver:

El trabajo digno. Un empleo estable, con salario justo, jornadas razonables y trato respetuoso, es una de las bases más concretas del bienestar. La incertidumbre económica prolongada desgasta a cualquiera.

La educación de calidad, para todas las personas. No solo como herramienta de movilidad social, sino como espacio donde alguien aprende a nombrar lo que siente y descubre que tiene un lugar en el mundo.

La crianza y el acompañamiento a las familias. Acompañar a madres, padres y personas cuidadoras —con información, redes y apoyo real— es prevención a largo plazo. Nadie nace sabiendo criar.

Relaciones afectivas sanas y libres de violencia. La violencia en la pareja, en la familia y en los espacios de trabajo deja huellas profundas. Prevenir la violencia es prevenir sufrimiento evitable.

Comunidades y ciudades habitables. Parques cuidados, calles limpias y seguras, transporte que funcione, espacios donde encontrarse con otros. Una ciudad que se siente abandonada termina comunicando a quienes viven en ella que también lo están.

Instituciones que pongan el bienestar en el centro. Políticas públicas de salud, seguridad y protección social que traten la salud mental como parte de la salud, sin excepciones ni listas de espera interminables.

Ninguno de estos elementos, por sí solo, previene nada. Juntos, sostienen.

Y desde nuestra propia vida

También hay una escala más pequeña, más cercana y absolutamente nuestra:

  • Aprender a preguntar sin juzgar, y a callar cuando toca callar.
  • Cuidar los vínculos: la llamada que no hicimos, la visita que postergamos, el mensaje que sí se envía.
  • Normalizar el pedir ayuda. Ir a terapia no es un signo de fragilidad, igual que ir al médico no es signo de debilidad física.
  • Estar atentos a los cambios en las personas cercanas: el aislamiento, la desesperanza sostenida, el desinterés por lo que antes importaba. No para diagnosticar, sino para acompañar y, cuando corresponda, acercar a ayuda profesional.
  • Revisar nuestra propia manera de tratar a los demás. El respeto cotidiano también es salud pública.

En los espacios de trabajo

Las organizaciones no son ajenas a esta conversación. Pasamos en ellas buena parte de nuestra vida. Un liderazgo humano, cargas de trabajo razonables, canales seguros para hablar de lo que duele, apertura ante los procesos personales de cada quien y una cultura donde nadie tenga que fingir que está bien: todo eso construye. No sustituye a la atención profesional, pero la vuelve más probable y menos temida.

Construir un mundo donde valga la pena quedarse es una tarea colectiva. Y empieza, casi siempre, en algo tan pequeño como escuchar activamente de verdad.

Si usted o alguien cercano necesita apoyo en Costa Rica:

9-1-1: Atención de emergencias, 24/7. Cuenta con el Despacho de Apoyo Psicológico, atendido por profesionales en psicología.

Línea Aquí Estoy: Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica. Servicio gratuito de apoyo emocional y prevención del suicidio: 2272-3774 / 800-AQESTOY (800-2737869).

CCSS: Consulte en su EBAIS o clínica sobre los servicios de psicología y psiquiatría disponibles.

Pedir ayuda es una decisión válida y no hay que esperar a estar en crisis para hacerlo.

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